Jaime Bayly

nov. 2001 exposición

HOTEL (María Gracia y yo tenemos algo en común: trabajamos desnudándonos ante el público. Ella se desnuda en sus fotografías; yo agazapado detrás de mis palabras) En cada fotografía existe, además de un evidente refinamiento estético, un pequeño acto de coraje personal, un salto al vacío al que la acompañamos conmovidos, pues ella se atreve a exhibir ante nosotros, (desnuda y en silencio), la desconcertada soledad de su condición humana.

Guillermo Tejeda,

diciembre 2001, revista del Sábado

El trabajo de María Gracia, posee un erotismo solitario o expositivo, marcando siempre una distancia. La distancia de la composición, la distancia del blanco y negro. Por lo tanto aquí nos encontramos ante una merodeadora fina, se desnuda y desvela para mostrar su soledad.

Víctor Mandujano,

agosto 2000, El Mercurio

MG en su exposición, llega a recrear una calidez y rico contraste tonal, mostrando redondos contornos y plásticas composiciones. Que constituyen el entorno necesario e intimo para poder transmitir un mensaje gratificante a quienes disfrutan de un trabajo de calidad y feliz solución.

Luis Poirot,

julio 2000, Galería Contraluz

(MG, nos desvía de la ruta inevitable y captura una luz que no cesa, que en sus imágenes entra dando golpes y rebota en una forma suave, cuerpo de mujer al fin) Aquí hay pues retrato, autorretrato, desnudo, luz, tiempo y espacios convocados por MG en estos rectángulos de papel que llamamos fotografías, que nos regalan así momentos de plenitud, con generosid ad de que solamente son capaces los verdaderos creadores.

Jaime Bayly,

noviembre 2001,

aún no he podido saber de dónde es este artículo María Gracia Subercaseaux persigue esa verdad en sus fotografías. La suya es una mirada tierna y a la vez brutal, capaz de traspasar los velos y las máscaras tras los cuales suele agazaparse nuestra verdad más íntima; una mirada de ángel maldito a la que no es posible mentirle; una mirada tan deliciosamente honesta que te arranca siempre, aunque no quieras, la verdad. Las fotografías de Maria Gracia no aspiran a ser perfectas, ni siquiera bonitas: aspiran, si, a mostrar la verdad.